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¿Por qué el socialismo no puede ser cristiano?


¿Por qué el socialismo no es cristiano?

Hace unos meses salió este titular:

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Aquí las razones por las que esto no es verdad.

Hablamos de la compatibilidad entre el cristianismo y las ideas socialistas, así como el cristianismo y las ideas capitalistas, por lo tanto vale la pena definir ciertos conceptos.

Cristianismo

El cristianismo es una religión?
Según el diccionario de la RAE: Conjunto de creencias y preceptos que constituyen la religión de Jesucristo.

Pero como bien expresa Chris duPont,
"… una religión es un conjunto de ideas, ritos y creencias acerca de Dios (o dioses). Siendo Dios un agente externo y no sujeto a la subjetividad humana, existen ideas correctas e incorrectas acerca de Dios. Si las ideas son correctas, en general nuestra religión es correcta y verdadera. De lo contrario, tal religión es falsa. Incluso la Biblia en el libro de Santiago habla de esto al contrastar una religión “inútil” con la religión “pura y sin mancha”:

“Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada. La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo.” (Santiago 1:26-27).

Aparte del cristianismo, ¿qué otra religión “pura y sin mancha” existe?"

El cristianismo no es sólo una relación sino mucho más que eso. Nuestro mandato en Mateo 28:19 es el de ir y hacer discípulos, no el de enseñar verdades a medias o mentiras con eslóganes mal formados, aunque vengan de los púlpitos más eminentes. Tengamos discernimiento y usemos la escritura como nuestra guía. El evangelio no es “Cristianismo no es religión sino relación”, es algo más complejo, digno y glorioso que eso.

Y siguiendo el ejercicio lógico de William Lane Craig, seis maneras en que el Cristianismo es relevante si es verdad:
  1. Si el cristianismo es verdadero, hay un significado para tu vida. 
  2. Si el cristianismo es verdadero, existen valores y deberes morales objetivos en la vida. 
  3. Si el cristianismo es verdadero, hay un propósito en tu vida. 
  4. Si el cristianismo es verdadero, hay esperanza de liberación de las deficiencias de nuestra existencia finita, como el sufrimiento, el envejecimiento y la muerte. 
  5. Si el cristianismo es verdadero, hay perdón por todas las cosas malas que has hecho. 
  6. Si el cristianismo es verdadero, tienes la oportunidad de una relación personal con Dios y la felicidad eterna.


La fe cristiana es una fe objetiva; por lo tanto, debe tener un objeto. El concepto cristiano de fe "salvadora" es una fe que establece la relación de uno con Jesucristo (el objeto), y es diametralmente opuesta al uso "filosófico" promedio del término fe en el las discusiones actuales. El cristianismo es TODO para la humanidad o NADA. Es la certeza más alta o el engaño más grande ... Pero si el cristianismo lo es TODO para la humanidad, es importante que cada hombre pueda dar una buena razón para la esperanza. eso está en él con respecto a las verdades eternas de la fe cristiana. Aceptar estas verdades de manera irreflexiva, o recibirlas simplemente con autoridad, no es suficiente para una fe inteligente y estable.

Un maestro de la ley una vez le preguntó a Jesús: "Señor, ¿cuál es el mandamiento más importante en la ley de Moisés?" A lo que Él respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma y mente. Este es el primer y más grande mandamiento". (Marcos 12:28-34) Dios creó al hombre con la habilidad de pensar, adquirir conocimiento y discernir la verdad. Dios quiere que usemos nuestras mentes. El apóstol Pedro advierte: "Santifica a Cristo como Señor en tus corazones, siempre dispuesto a defender a todos los que te pidan que rindas cuentas por la esperanza que hay en ti ...".

Otras religiones se basan en personas que hacen algo para ganarse el favor de Dios. Deben realizar buenas acciones, cantar las palabras correctas, usar una rueda de oración tibetana, pasar por una serie de reencarnaciones o seguir fielmente otros ejercicios religiosos. Por el contrario, el cristianismo se basa en lo que, según la Biblia, Cristo ya hizo en la cruz. Según la Biblia, nadie puede hacer nada para ganarse el favor de Dios; más bien, Jesús ofrece el perdón y la vida eterna como un regalo.


Socialismo

¿Qué es el Socialismo?

El socialismo marxista clásico hizo cuatro proposiciones principales:
  1. El capitalismo es explotador: los ricos esclavizan a los pobres; es brutalmente competitivo a nivel doméstico e imperialista a nivel internacional. 
  2. El socialismo, por contraste, es humano y pacífico: las personas comparten, son equitativas y cooperativas. 
  3. El capitalismo es al final de cuentas, menos productivo que el socialismo: los ricos se vuelven más ricos, los pobres se vuelven más pobres, y el consecuente conflicto de clases finalmente causará su colapso. 
  4. Las economías socialistas, por contraste, serán más productivas, y nos llevarán a una nueva era de prosperidad. 
Estas proposiciones fueron enunciadas en primer término por los socialistas en el siglo XIX, y repetidas a menudo en el siglo XX

Hay que comenzar desde el origen de la teoría marxista. En Karl Marx y Friedrich Engels encontramos la génesis. Hombres alemanes del Siglo XIX, ambos tienen el mérito intelectual de haber sentado las bases de un pretendido “socialismo científico” frente a los diversos socialismos utópicos y anarquismos que en aquellos tiempos predominaban en la izquierda.

La desmesurada pretensión “científica” del marxismo precisaba de un método no menos monumental para estudiar el “curso de la historia” e intentar, a la postre, predecir las transformaciones sociales y, más importante todavía, las condiciones de las transformaciones revolucionarias.
Es en este sentido que Marx y Engels son “hegelianos”, esto es, que toman del filósofo alemán Georg Hegel su célebre método: la dialéctica.

¿Qué es la dialéctica?

En términos lo más simples posible, se trata de un método que supone que en la historia surgen fuerzas opuestas que, en su contradicción, generan una nueva fase que a su vez genera otra instancia contradictoria, y así sucesivamente. En términos filosóficos, se dirá que a toda tesis corresponde una antítesis, las cuales resultan superadas por una síntesis. La historia avanza, pues, en función de las contradicciones que se generan en su seno. El método de la dialéctica había sido utilizado por Hegel para descubrir el movimiento de las ideas en el mundo; para Hegel, las ideas de los hombres resultan centrales para explicar los cambios en la historia. En el marxismo será lo opuesto: dialéctica, pero aplicada al descubrimiento del mundo de la materia, y a eso en la jerga marxista se le llama materialismo dialéctico.

“El Estado es la idea divina que existe sobre la Tierra”. Teniendo en cuenta que el propósito último en la vida de un individuo debería ser lograr unirse con la realidad última, de esto se desprende que “el Estado en y por sí mismo es la totalidad ética, la materialización de la libertad”. La consecuencia de esto, en términos morales, es que el individuo tiene menos importancia que el Estado. Los intereses empíricos y del día a día del individuo son de un orden moral más bajo que los intereses universales e históricos del Estado. El Estado tiene como su fin último la autorealización de lo absoluto, y “este fin último tiene derecho supremo sobre el individuo, cuyo deber más alto es ser miembro del Estado”. Y el deber, siempre prevalece sobre los intereses y las inclinaciones personales.
Hay que venerar al Estado como una divinidad terrenal”. En tal veneración, creía Hegel, nosotros encontramos nuestra verdadera libertad. En última instancia, nosotros como individuos no somos sino aspectos del espíritu absoluto, y relacionándonos con él es como nos relacionamos con nosotros mismos. La libertad es, entonces, la sumisión absoluta del individuo a la adoración del Estado.
Ahora bien, y por otro lado, lo que en la jerga marxista se conoce como “materialismo histórico” ha quedado resumido por Engels en el prefacio a la edición alemana de 1883 del Manifiesto Comunista que aquél redactara tras la muerte de su socio y colega Karl Marx:
“Toda la historia (…) ha sido una historia de la lucha de clases, de lucha entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, en las diferentes fases del desarrollo social; y que ahora esta lucha ha llegado a una fase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y la lucha de clases”

El fracaso del socialismo como ideología y práctica

Respecto a lo económico, y en la práctica, cada una de las Naciones capitalistas tiene un historial de ser cada vez más próspera y más productiva, sin un final a la vista. No solamente están los ricos haciéndose fantásticamente más ricos, sino que además los pobres en esos países se están haciendo más ricos también. Y, por contraste directo y brutal, todo experimento socialista terminó en un tenebroso fracaso económico, desde la Unión Soviética y los países del Bloque Oriental, a Corea del Norte y Vietnam, a Cuba, Etiopía y Mozambique. En lo que se refiere a lo moral y a lo político, en la práctica, cada país capitalista liberal tiene un sólido historial de ser humanitario, de respetar ampliamente los derechos y las libertades, y de hacer posible que la gente lleve una vida fructífera y significativa. La práctica socialista una y otra vez demostró ser más brutal que las peores dictaduras de la historia anterior al siglo XX. Cada régimen socialista colapsó en una dictadura, y comenzó a matar a su pueblo en escala masiva. Cada uno produjo escritores disidentes, como Alexander Solzhenitsin y Nien Cheng, que documentaron de lo que son capaces esos regímenes.

The Berlin Wall. “… to confine the people of East Germany by force.” Photo by Mustafa Arshad.

En la década de 1950, la crisis ya se sentía en profundidad. En lugar de colapsar con la Gran Depresión de 1930, como era la esperanza de los colectivistas de izquierda, los países capitalistas liberales ya se habían recuperado después de la Segunda Guerra Mundial, y para la década de 1950 estaban disfrutando de paz, libertad y nuevos niveles de prosperidad. La Segunda Guerra Mundial hizo desaparecer al colectivismo, a los nacionalsocialistas y a los fascistas, dejando a la izquierda solitaria en el campo de batalla, en contra de un capitalismo liberal triunfante y engreído. La recuperación del Occidente liberal y su creciente importancia política y económica fue penosa para los intelectuales occidentales de izquierda radical; éstos todavía guardaban esperanzas en la existencia de la Unión Soviética, el “noble experimento” y, en menor grado, en la China comunista. Incluso, esa esperanza fue brutalmente aplastada en 1956. Delante de una audiencia mundial, los soviéticos enviaron tanques a Hungría para sofocar las manifestaciones de estudiantes y trabajadores, demostrando de esa forma cuán sólido era su compromiso con la humanidad. Y, en forma más devastadora, Nikita Kruschev reconoció públicamente lo que muchos venían denunciando desde hacía tiempo en los países del bloque occidental: que el régimen de Joseph Stalin había masacrado a decenas de millones de seres humanos, números pasmosos que hicieron aparecer por comparación como amateurs a los de los nacionalsocialistas.

Los comunistas hablan sobre "socialismo" y "comunismo", sosteniendo que el socialismo es solo la etapa temporal, con un comunismo utópico por delante. Ha pasado más de medio siglo y no solo no han logrado el objetivo del "comunismo" en ninguna parte, ni siquiera han llegado a un socialismo libre. La "dictadura temporal del proletariado" ha demostrado, donde los comunistas han tenido el poder, que en realidad es una dictadura de una pequeña elite, y no temporal, sino permanente. Ningún lugar con una base comunista ha producido la libertad de la clase producida bajo la Reforma en el norte de Europa. Los comunistas han tenido que funcionar sobre la base de la represión interna. Podemos pensar en la represión iniciada bajo Lenin, así como en las purgas de Stalin, el Muro de Berlín construido en 1961 para confinar al pueblo de Alemania Oriental por la fuerza o la desaparición de la libertad en China. Externamente retienen a sus "aliados" por coacción. Los ejemplos más claros son la ejecución secreta de miles de oficiales polacos enterrados en el bosque Katya mientras los comunistas se preparaban para hacer de Polonia su "aliado" y los tanques rusos en Alemania Oriental en 1953, en Hungría. en 1956, y en Checoslovaquia en 1968. En Checoslovaquia la represión no terminó con los tanques; más tarde, medio millón de seguidores de Alexander Dubček (1921-) fueron expulsados ​​del Partido Comunista.
Al ver el contraste entre los países de la Reforma y los países del sur de Europa y los países comunistas, no debemos minimizar las riquezas en el gobierno y la sociedad que surgieron de la Reforma. Incluso en aquellos lugares donde el consenso de la Reforma fue menos consistente de lo que debería haber sido, sobre la base del punto de vista bíblico, había principios absolutos para combatir la injusticia. Hombres como Shaftesbury, Wilberforce y Wesley podrían decir que los males e injusticias con los que lucharon estaban absolutamente equivocados. E incluso si debemos decir con tristeza que con demasiada frecuencia los cristianos callaban cuando debían haber hablado, especialmente en las áreas de la raza y el uso compasivo de la riqueza acumulada, los cristianos que estaban en silencio eran inconsistentes con su posición.
En contraste con esto, el humanismo no tiene una forma final de decir que ciertas cosas son correctas y otras son incorrectas. Para un humanista, lo último que existe, es decir, el universo impersonal, es neutral y silencioso sobre lo correcto y lo incorrecto, la crueldad y la no crueldad. El humanismo no tiene forma de proporcionar absolutos. Por lo tanto, como resultado consecuente de la posición del humanismo, el humanismo en la moral privada y la vida política se queda con lo que es arbitrario.

Un buen ejemplo es que al principio en Rusia, sobre la base de la enseñanza de Karl Marx en el Manifiesto del Partido Comunista de 1848, el matrimonio se consideraba parte del capitalismo (prostitución privada, como él lo expresó) y la familia fue así minimizado. Más tarde, el estado decretó un código de leyes familiares estrictas. Esto fue simplemente un "arbitrario absoluto" impuesto porque funcionó mejor. No existe una base para lo correcto o incorrecto, y los absolutos arbitrarios se pueden revertir para los totalmente opuestos en cualquier momento. Para los comunistas, las leyes siempre tienen un fundamento solo en la cambiante situación histórica provocada por el curso de la historia.
Sobre la base bíblica, hay absolutos y, por lo tanto, podemos decir que ciertas cosas son correctas o incorrectas, incluida la discriminación racial y la injusticia social. Considera a Jesús parado frente a la tumba de Lázaro. El Nuevo Testamento registra que Jesús no solo lloró sino que se enojó. El que decía ser Dios podía estar enojado con la anormalidad de la muerte sin enojarse consigo mismo. Para un cristiano sobre la base de lo que la Biblia enseña, la muerte no solo es anormal, también lo es la crueldad del hombre hacia el hombre. Estas cosas no existieron como Dios creó el mundo. Un cristiano puede luchar contra la anormalidad que ha resultado de la rebelión del hombre contra Dios sin luchar contra la realidad final de lo que es, es decir, sin luchar contra Dios. Por lo tanto, debido a que Dios existe y hay absolutos, la justicia puede verse como absolutamente buena y no como simplemente conveniente. Estas cuestiones no son solo teóricas sino eminentemente prácticas, como se puede ver en los resultados producidos en Inglaterra y los Estados Unidos en contraste con los producidos en Francia en el momento de la Ilustración y más tarde en Rusia.

Capitalismo

¿Qué es el capitalismo?

El capitalismo es aquel sistema económico basado en la libertad individual y en la propiedad privada, lo cual supone que el Estado, sus leyes y sus gobiernos no obligan a unos a hacerle el bien a otros, razón por la cual todos, sobre todo en el campo de la economía, actúan por motivos egoístas o, dicho de otra manera, buscando el beneficio propio, como de hecho sucede, tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda, y a las pruebas me remito. ¿Cuándo fue la última vez que usted, compró algún bien o servicio con el fin exclusivo de ayudar al oferente del mismo, sin ninguna consideración a su propio interés? O si usted, lector, es productor de alguna mercancía, ¿cuándo fue la última vez que la ofreció en el mercado con el único objetivo de beneficiar al consumidor, al margen de cualquier motivo egoísta? El hecho es que, como agentes económicos, ya sea por el lado de la producción, ya del consumo, actuamos, siempre, buscando el beneficio propio, ¡y de hecho el máximo beneficio posible! Actuamos egoístamente, siendo ese egoísmo una de las causas más eficientes del progreso económico, misma que deja de funcionar en la medida en la que, por obra y gracia de la redistribución impuesta por los gobiernos, se nos priva de parte, poca o mucha, del fruto de nuestro trabajo. En la medida en la que el ser humano, sobre todo en el campo de la economía, pueda esforzarse por obtener lo más posible para sí mismo, el progreso económico será mayor, sin olvidar un pequeño de talle: en el mercado la única manera de obtener un beneficio para uno es beneficiando a otro: el productor al consumidor, y el consumidor al productor.
El egoísmo juega un papel importante en el logro del progreso económico, pero no es lo único que nos permite avanzar por ese camino. Otro ingrediente importante es la competencia, que beneficia al consumidor, quien gracias a ella encontrará más y mejores opciones de consumo en el mercado, pero también al productor, a quien obliga a ser más competitivo (a hacerlo mejor que lo demás) y también más productivo (a hacer más con menos). Llegados a este punto vale la pena recordar que la competencia no depende del número de participantes en los mercados, sino de que los mismo se encuentren abiertos a la participación de todo aquel que quiera participar en ellos, para lo cual el gobierno debe abstenerse de imponer barreras a la entrada de los particulares, barreras que van desde el otorgamiento de monopolios hasta la concesión de permisos, todo ello propio del mercantilismo, pero no de la economía de mercado, basada en la libertad individual y en la propiedad privada.
El egoísmo —la búsqueda del máximo beneficio posible—, y la competencia —la búsqueda del máximo beneficio posible a partir de la mayor competitividad y productividad posibles—, han hecho más por el progreso económico de la humanidad de lo que han conseguido el altruismo y los monopolios, sobre todo si ese altruismo es impuesto, a manera de redistribución, por el gobierno, y sobre todo si ese monopolio es gubernamental, apología del egoísmo y la competencia que ya encontramos en La riqueza de las naciones, de Adam Smith, publicada por primera vez en 1776.  En la medida en la que un sistema económico permite el funcionamiento del egoísmo y la competencia (egoísmo que funciona mejor cuando el gobierno se abstiene de redistribuir; competencia que lo hace en la medida en la que el gobierno mantiene abiertos todos los mercados a la participación de cualquiera), el progreso económico será mayor: habrá más producción, de mejores productos, para un número cada vez mayor de consumidores. La clave está en el egoísmo y la competencia, poco comprendidos y muy vilipendiados.

Entonces, ¿Qué es capitalismo? En palabras sencillas, capitalismo es la habilidad de en lugar de consumir cualquier capital (sea dinero en efectivo, bienes inmuebles o cualquier mercancía de valor) obtenido por medio de tu trabajo, talento o algún patrimonio heredado, ponerlo a trabajar de manera sistemática, ofreciendo un servicio o un producto en demanda por consumidores cada vez con más accesibilidad, para acrecentar más tu capital sin restringir la libertad de otros para hacer lo mismo.

Nótese que el capitalismo no es:
  1. Consumismo (pues eso lleva a pobreza y miseria)
  2. Avaricia (pues eso es un juicio moral de la motivación interna de personas)
  3. Salvajismo (pues el capitalismo depende de la cooperación voluntaria entre personas y sus empresas)
  4. Robo (pues el capitalismo depende de un Estado de Derecho con fuertes leyes que protegen la libertad y la propiedad de cada individuo)
  5. Mercantilismo (pues el mercantilismo, o a veces conocido como amiguismo, depende de buscar maneras vía la política para restringir que otras personas y empresas entren libremente a un sector de la economía, de esta manera coartando la libertad de otros).
El renunciar a su individualidad es el aniquilarse a sí mismo. La esclavitud mental es la muerte mental, y cada hombre que ha renunciado a su libertad intelectual es el féretro viviente de su espíritu muerto. Robert G. Ingersoll"
La propiedad es fruto del trabajo. La propiedad es deseable, es un bien positivo en el mundo. Que algunos deban ser ricos muestra que otros pueden volverse ricos y por lo tanto es un estímulo para la industria y la empresa. No dejen que el que no tiene hogar tire la casa de otro, déjenle trabajar diligentemente para construirse una, y que así, mediante el ejemplo, se asegure que cuando tenga la suya propia ésta esté a salvo de la violencia. Abraham Lincoln
En el inicio, cuando el ser humano dejó de ser nómada para convertirse en sedentario, cuando pasó de la persecución del mamut, y la recolección de frutos, a la ganadería y la agricultura, la propiedad fue el resultado de la apropiación: los primeros ganaderos y agricultores, de hecho, se apropiaron de las tierras y animales que les proveían los medios para subsistir. Hoy, en la gran mayoría de los casos, la propiedad ya no es el resultado de la apropiación sino el fruto del trabajo, siendo su primera manifestación el ingreso generado, de tal manera que la primera muestra de respeto a la propiedad debe ser el respeto al ingreso generado por el trabajo, partiendo de la siguiente afirmación, que es el fundamento de la convivencia civilizada: «Todo mundo tiene derecho al producto íntegro de su trabajo». ¿O no? Quienes creemos que, efectivamente, todo mundo tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, debemos responder la siguiente pregunta: ¿cómo justificar el cobro de impuestos, sobre todo con fines redistributivos? Dicho cobro se justifica en la medida en la que los impuestos se utilizan para que el gobierno garantice que nadie más atente contra nuestra propiedad y, suponiendo que falle, para que castigue al delincuente y, en la medida de lo posible, se resarce a la víctima. ¿Pero cómo justificar el cobro de impuestos con fines redistributivos? ¿Cómo justificar que el gobierno obligue a unos a entregar parte de sus ingresos con el fin de dárselos a otros? ¿No se trata de un abuso, por el cual el gobierno termina haciendo aquello que debe evitar y castigar?  ¿Cuál es la diferencia entre un ladrón que, a punta de pistola, roba para darle de comer a sus hijos, y el gobierno quien, de manera no menos amenazante, obliga al contribuyente a entregarle parte de sus ingresos para financiar desayunos escolares? La respuesta más socorrida es que, en el primer caso, se trata de un ladrón y, en el segundo, del gobierno, respuesta que olvida un pequeño detalle: una acción no debe calificarse por la naturaleza del agente, sino por su propia naturaleza. El ladrón lo que hace es obligar a la víctima a entregar, con fines redistributivos, parte de su ingreso. ¿Y qué otra cosa, sino lo mismo, hace el gobierno: obligar a la víctima, ¡perdón: al contribuyente!, a entregar, para fines redistributivos, parte de su ingreso?
Cuando el gobierno cobra impuestos con fines redistributivos, y buena parte de los que cobra son para tal fin, ¿podemos afirmar que nuestra propiedad está «a salvo de la violencia»? ¿Hasta qué punto la redistribución del ingreso, por la cual el gobierno le dice a algunos, «Despreocúpate, que yo satisfaceré tus necesidades», supone permitir que «el que no tiene hogar tire la casa del otro», violando así la propiedad, socavando por ello uno de los cimientos de la convivencia civilizada, el respeto a la misma, con todo lo que ello supone, comenzando por el hecho de que ella, la propiedad, es la condición de posibilidad, sobre todo en el ámbito de la economía, de la libertad, siendo ambas las dos caras de una misma moneda? La propiedad (privada, se entiende) es deseable, en primer lugar, porque sin ella no hay manera de economizar, de hacer buen uso de los recursos a nuestra disposición, de sacarles el mayor provecho posible. Pero es deseable por una razón más importante: porque sin ella la libertad no deja de ser virtual, meramente formal, pero no real, sobre todo, insisto, en el ámbito de la economía: la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, lo cual quiere decir que, sin la propiedad sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, la libertad para trabajar, emprender, invertir, ahorrar, intercambiar y consumir es una ilusión. ¿Qué sucede cuando, por sus afanes redistributivos, por sus esfuerzos a favor de la justicia social, por considerar que se tiene una deuda social con los pobres, el gobierno se convierte en el principal enemigo de la propiedad?

No es por accidente que el capitalismo ha traído progreso, no simplemente en producción, sino también en conocimiento. El egoísmo y la competencia son fuerzas mayores que el espíritu público y el sentido del deber

La única forma legítima, sana y robusta para combatir la pobreza es cuando se deja que los mercados funcionen libremente, cuando las personas usan su talento propio para iniciar negocios sin que la burocracia gubernamental estorbe. Cuando se intenta acabar con la pobreza, sin usar los mecanismos del mercado, se termina por generar más pobreza. Santos Mercado 

Para entender la afirmación de Mercado hay que tener en cuenta que a la pobreza se la puede definir como la incapacidad de la gente pobre para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente que les permita, por lo menos, satisfacer sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida. Aceptado lo anterior, hay que tener presente que un trabajo productivo es aquel que participa en la producción de bienes y servicios por los que los consumidores están dispuestos a pagar un precio que alcance, por lo menos, para recuperar los costos de producción, todo lo cual supone al mercado, entendido como la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, mercado que, para que dé los mejores resultados posibles, debe funcionar sin ningún tipo de intervención de parte del poder político, sobre todo, uno, en materia de entrada y salida de productores y consumidores, y, dos, de precios y cantidades.
Lo anterior quiere decir que la superación de la pobreza depende, no de la redistribución de la riqueza, sino de su producción, para lo cual se requiere que los pobres se incorporen productivamente a los mercados, es decir, al intercambio de bienes y servicios. Lograrlo no resulta fácil, pero tampoco imposible, tal y como lo muestran los millones de seres humanos que, no solamente han superado la pobreza, sino que han alcanzado elevados niveles de bienestar material gracias, precisamente, al mercado, es decir, al intercambio voluntario (valga la redundancia), entre oferentes y demandantes.  Conseguir la superación de la pobreza no resulta fácil, pero si la atención se centra, no en la producción de riqueza y su distribución por medio del mercado, es decir, a través del intercambio voluntario de la misma entre oferentes y demandantes, sino en su redistribución, con el gobierno quitándole a unos (los ricos) para darle a otros (los pobres), se vuelve imposible, por una razón muy sencilla: la redistribución permite que los pobres satisfagan mejor algunas de sus necesidades, pero no realizar un trabajo productivo y generar un ingreso suficiente que les permita, gracias al mismo, y no al trabajo de los demás (aquellos a quienes el gobierno les quitó para darles a ellos), satisfacer sus necesidades. La pobreza no consiste en la incapacidad de los pobres para satisfacer sus necesidades, sino en su incapacidad para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso que les permita satisfacerlas. La distinción es importante ya que, si aceptamos que la pobreza consiste en lo primero, entonces se supera, por medio de la redistribución, proporcionándoles esos satisfactores. Por el contrario, si aceptamos, como debe ser, que la pobreza consiste en lo segundo, entonces se supera a través de la producción de riqueza, es decir, de bienes y servicios, la cual requiere del mercado, es decir, del intercambio voluntario entre oferentes y demandantes, para lo cual es indispensable que esa relación de intercambio sea libre, sin la intervención del poder político, ni en cuestión de entrada y salida de productores y consumidores a los mercados, ni en materia de precios y cantidades, algo que muchos depositarios de poder político no entienden, lo cual los lleva a intervenir en los mercados limitando seriamente las posibilidades de superar la pobreza.
Solo hay una manera de matar al capitalismo: con impuestos, impuestos y más impuestos.  Karl Marx  
La afirmación de Marx contradice una de las tesis centrales del materialismo dialéctico, es decir, del marxismo, aquella que afirma que el capitalismo desaparecerá (dando lugar, en primera instancia, a la dictadura del proletariado y, en segunda, al comunismo), por las contradicciones que les son inherentes, independientemente de cuáles, y cuántos, impuestos se cobren. Sin embargo, la afirmación de Marx es correcta, aunque incompleta. Me explico. El capitalismo es el sistema económico basado en la libertad individual para trabajar, emprender, invertir, ahorrar, intercambiar y consumir, y en la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, de tal manera que todo lo que limite o elimine esa libertad, y esa propiedad, mina al capitalismo, con todo lo que ello supone en términos de crecimiento y desarrollo económico, que dependen del poder creador de la libertad, y del poder incentivante de la propiedad ¿Qué limita o elimina la libertad para trabajar, emprender, invertir, ahorrar, intercambiar y consumir? La burocratización de la actividad económica de los particulares, que la limita, o la monopolización gubernamental de ciertas actividades económicas, que la elimina. ¿Qué limita o elimina la propiedad sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción? En primer lugar, dado que propiedad y libertad son dos caras de la misma moneda, todo aquello que limita o elimina la libertad y, en segundo término, los impuestos que, sin llegar a eliminarla por completo (el resultado sería la esclavitud), sí la limitan considerablemente, sobre todo cuando se cobran con fines redistributivos (el gobierno le quita a unos para darle a otros), y son progresivos al ingreso (a mayor ingreso mayor porcentaje). ¿Cuál es el resultado de limitar la libertad? Limitar el poder creador del ser humano para producir bienes y servicios y, por lo tanto, para satisfacer sus necesidades. ¿Y la consecuencia de limitar la propiedad? Limitar aquello que incentiva al ser humano a esforzarse para producir bienes y servicios, para ofrecer mejores bienes y servicios, para servir lo mejor posible a los consumidores. Limitar el poder creador del ser humano, y aquello que lo incentiva a ejercerlo, da como resultado el estancamiento económico, con todas sus consecuencias sobre el bienestar del ser humano. ¿Qué debe hacer el Estado y sus leyes con el poder creador de la libertad y con el poder incentivante de la propiedad? Reconocerlos plenamente, definirlos puntualmente y garantizarlos jurídicamente, lo cual supone, entre otras cosas, un sistema tributario de tipo PBP: impuestos pocos, bajos y parejos, en general, y, en concreto, un impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos os casos), universal (sin excepción de ningún tipo), no expoliatorio (para que su cobro no degenere en un robo con todas las de la ley), al consumo (no al ingreso, no al patrimonio), impuesto que los marxistas no aceptan, estando a favor del sistema contrario: el impuesto progresivo al ingreso, que es la herramienta redistributiva por excelencia, impuesto que más que la excepción es la regla, muestra de lo mucho que han permeado las ideas de Marx, al grado de que hoy gobernar es sinónimo de redistribuir, con todo lo que ello supone en términos de libertad y propiedad.
El mercado nació como una institución preferible a la rapiña o guerra. Proviene del saludo, la conversación y el intercambio de regalos entre tribus. El mercado no es la ley de la selva: es una institución de la libertad civilizada. Gabriel Zaid 
La división del trabajo supone que la mayoría de los bienes y servicios que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades son propiedad de alguien más, lo cual plantea la siguiente cuestión: ¿cómo obtenerlos? Existen tres posibilidades: benevolencia, violencia e intercambio. En el primer caso, apelando a la benevolencia de quien es dueño de lo que necesitamos, le pedimos que nos lo regale, le pedimos limosna. En el segundo, amenazando con la violencia, le robamos lo que es suyo. En el tercer caso, por medio del intercambio, le ofrecemos algo que valore más que aquello que, siendo suyo, necesitamos, y que, ¡obviamente!, valoramos más que aquello que estamos dispuestos a dar a cambio. Esto último es el mercado, entendido como la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, intercambio que siempre es un juego de suma positiva, lo cual quiere decir que las dos partes ganan, dando como resultado que las dos, una vez realizado el intercambio, elevan su nivel de bienestar: valoran más lo que reciben que lo dan.
El intercambio, o si se quiere: el mercado, es éticamente correcto y económicamente eficaz. Éticamente correcto porque parte del respeto a la propiedad privada y, por lo tanto, a la libertad individual, ya que la primera es la condición de posibilidad de la segunda. Pero además de éticamente correcto el mercado, o si se prefiere: el intercambio, es económicamente eficaz porque gracias al mismo el oferente y el demandante, el productor y el consumidor, elevan su nivel de bienestar, siendo dicha elevación el fin de la actividad económica de los seres humanos. El que el mercado sea éticamente correcto, y económicamente eficaz, quiere decir que es, como lo señala Zaid, una institución de la libertad civilizada, frase que vale la pena analizar. En primer lugar el mercado es institución, es decir, regla del juego, es decir, código de conducta, que supone reconocer y respetar la propiedad de los demás, de la cual podemos obtener parte (la que necesitamos y valoramos), ofreciendo a cambio parte de la nuestra (la que no necesitamos y no valoramos). En segundo término, el mercado es institución de la libertad civilizada, es decir, del ser humano decidido a respetar la propiedad de los demás, libertad civilizada que encuentra una de sus manifestaciones más claras en el intercambio: quienes participan de un intercambio lo hacen voluntariamente, es decir, libremente, partiendo del respeto a la propiedad y, por ello, del respeto a la libertad, por lo ya dicho: la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad. El mercado, el intercambio, el comercio, no es la ley de la selva, por la cual cada quien hace lo que quiere, comenzando por violar la propiedad y libertad de los demás. Al contrario: el comercio, el intercambio, el mercado es la justicia, es decir, la voluntad de respetar el derecho de los demás, derecho que en este caso comienza siendo el de propiedad, y termina siendo el de la libertad. Quien está dispuesto a ofrecer algo a cambio de aquello que necesita, y que es propiedad de alguien más, actúa de manera justa, de forma civilizada, reconociendo la propiedad del otro y, algo que no hay que pasar por alto, estando dispuesto a beneficiarlo, ofreciéndole algo que valore, y que valore más que aquello que da a cambio. El mercado, así visto, y así hay que verlo porque así es, ¿es la ley de la selva? No, claro que no, por más que muchos, por ignorancia o por mala fe, digan que sí
No podéis otorgar la fuerza al débil debilitando al fuerte; no podéis ayudar al pobre arruinando al rico. Abraham Lincoln
 ¿Por qué intentaría alguien arruinar al rico? Posible respuesta: para ayudar al pobre. De acuerdo, ¿pero por qué la ayuda al pobre supone la ruina del rico? Por la redistribución del rico hacia el pobre, redistribución que se lleva a cabo cuando el poder político obliga al rico a entregar parte del producto de su trabajo al pobre, siempre con la intermediación del redistribuidor. Evidentemente que la ruina del rico, a partir de la redistribución a favor del pobre, solamente tendrá lugar si la misma se lleva más allá de cierto límite, que está entre el uno y el cien por ciento. Si el redistribuidor obliga al rico a entregar el uno por ciento del producto de su trabajo a favor del pobre, difícilmente podemos hablar de la ruina del rico, ruina que será total si, por el contrario, se le obliga a entregar el cien por ciento. Es por eso que afirmo que la ruina del rico, consecuencia de la redistribución desde, tendrá lugar en algún porcentaje entre el uno y el cien por ciento, quedando claro que el redistribuidor no caerá en ninguno de los dos extremos, el primero por defecto (muy poco: no alcanza apara ayudar al pobre) y el segundo por exceso (demasiado: el rico no vuelve a generar ingreso, por lo que no habrá más ayuda para el pobre).  Llegados a este punto la pregunta es, ¿a partir de qué porcentaje se inicia la ruina del rico y, por ello, la mengua en la ayuda al pobre? No existe una respuesta objetiva, y quienes han tratado el tema, tal y como fue el caso del redistribuidor Abba P. Lerner, llegan a la conclusión de que lo que el poder político debe hacer el redistribuir el ingreso de manera igualitaria: cuánto ingreso generaron, en un determinado periodo de tiempo, los distintos agentes económicos; cuántas personas habitan, en ese determinado período de tiempo, el área de influencia del poder político; dividir aquel ingreso entre este número y realizar la redistribución correspondiente, todo lo cual, ¡obviamente!, resulta terriblemente arbitrario, por más que el marginalismo aporte la conclusión de que la utilidad que pierde el rico, cuando se le quita, es menor que la utilidad que recibe el pobre, cuado se le da, razón por la cual la utilidad total aumenta, lo cual, hasta cierto límite es cierto, pero no por ello la redistribución deja de ser una arbitrariedad. Desde el punto de vista de la justicia la redistribución, es decir: la obligación impuesta por el poder político para que unos entreguen parte del producto de su trabajo a favor de otros, siempre es arbitraria, independientemente de que la misma sea del uno o del cien por ciento. No es una cuestión de porcentajes, tampoco de utilidades marginales y totales, sino de principio. El uno por ciento de redistribución del rico a favor del pobre no arruina al primero, pero sí viola su derecho a la propiedad privada y, dado que la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, también viola su derecho a la libertad individual. El tema de la redistribución no debe analizarse desde el punto de vista de sus efectos, preguntándose, por ejemplo, ¿a partir de qué punto la misma arruina al rico? Debe analizarse desde la perspectiva de los principios y preguntarse ¿qué justifica que el poder político obligue e unos a entregar parte del producto de su trabajo a otros? O, para plantearlo más puntualmente, ¿cuál es la diferencia, más allá de la obvia, entre el ladrón que roba a punta de pistola, con el fin de redistribuir a su favor, y el gobierno que obliga al contribuyente a entregar parte de su ingreso para redistribuirlo en beneficio de alguien más?, preguntas por demás pertinentes en estos tiempos en los cuales gobernar es sinónimo de redistribuir.
El socialismo se opone al individualismo exaltando las virtudes de la colaboración y cooperación entre los hombres para lograr un objetivo común, frente a la actitud competitiva que propugna la persecución de los intereses individuales en contra y en competencia con los intereses de los demás. Felipe González 
La frase de González, buen ejemplo de las confusiones mentales que aquejan a los socialistas, no tiene desperdicio, comenzando por la creencia de que individualismo es antónimo de colaboración y cooperación, creencia idiota que solamente los idiotas pueden creer. Si el individualismo fuera sinónimo de no colaboración y no cooperación, los individualistas, comenzando por el que esto escribe, deberíamos exiliarnos, a la Robinsón Crusoe, en una isla desierta, y evitar, por todos los medios a nuestro alcance, la llegada de Viernes, y, en el caso de fracasar en el intento, negarnos a colaborar y cooperar con él en las tareas diarias de la sobrevivencia, algo que, ¡obviamente!, ni el más recalcitrante de los individualistas estaría dispuesto a hacer, por una razón muy sencilla: las ventajas que, para la satisfacción de las necesidades, trae consigo la colaboración y cooperación que, en el campo de la economía, suponen la división del trabajo y, por lo tanto, el intercambio, que es la manera más eficaz de que los seres humanos colaboren y cooperen en la satisfacción de sus necesidades. El individualismo no se opone a la colaboración y a la cooperación, tal y como lo comprobamos en cada intercambio comercial, al cual las partes acceden, no solamente por razones individualistas, sino, ¡horror!, por motivos egoístas, ya que tanto el comprador como el vendedor lo que pretende es satisfacer sus necesidades, no las de los demás. Cualquier intercambio comercial supone, ¡por motivos individualistas y egoístas!, la colaboración y cooperación entre los oferentes y los demandantes, lo cual muestra que el individualismo y el egoísmo no se oponen a la colaboración y cooperación entre personas.  Pero Gonzáles va más allá y afirma que lo que el socialismo busca, por medio de la cooperación y la colaboración, es el logro de objetivos comunes que, precisamente por serlo, se oponen a los fines individualistas de cada uno, lo cual no necesariamente es cierto, ya que varias personas pueden, buscando por motivos egoístas un fin individual, coincidir en ese fin, como puede ser el caso de todos los que trabajan en una empresa y se esfuerzan por hacerla lo más competitiva posible, ya que ello es lo que le conviene a cada uno de ellos. González da un paso más y llega al tema de la competencia, que concibe como la persecución de los intereses de cada quien en contra de los intereses de los demás, es decir, como el enfrentamiento de intereses individuales, lo cual es cierto: eso es la competencia. La pregunta es si ese enfrentamiento de intereses individuales, sobre todo cuando se da en el mercado, y sin que ninguna de las partes en competencia reciba privilegios del gobierno, es malo, razón por la cual hay que sustituir la competencia por la colaboración y la cooperación, lo cual daría como resultado, sobre todo en el ámbito de la economía, el monopolio que, en la visión de los socialistas, debe ser, ¡para colmo de males!, monopolio gubernamental. En eso, en el monopolio gubernamental, es en lo que desembocaría, en el ámbito de la actividad económica, la eliminación, por individualista y egoísta, de la competencia, permitiéndose únicamente la colaboración y la cooperación que, ante la falta de competencia, resultarían muy poco eficaces para elevar el nivel de bienestar de la gente, pese a lo cual, y allí está la frase de Gonzalez como ejemplo, hay quienes insisten en el tema.

El socialismo es contradictorio al Cristianismo

La fe bíblica es que la ley verdadera es un don de Dios y la base de la libertad del hombre (Deuteronomio 16:20). La ley es la condición de la vida del hombre: así como el hombre respira aire físicamente para vivir, social y personalmente su entorno de vida es la ley, que la gracia de Dios le permite tener y conservar (Salmo 119; Pr. 6:23). ) El hombre no puede vivir sin ley más de lo que puede vivir sin comer. El propósito de la ley de Dios es la vida; como Moisés declaró, "el Señor nos ordenó que hiciéramos todas estas estatuas ... para que él nos pudiera preservar con vida" (Deuteronomio 6:24). El hombre fue creado y es salvado por Dios para vivir según la ley, porque su disciplina es "el camino de la vida" (Pr. 6:23). Aquí tenemos la gran división. Los individuos, criados durante generaciones en la perspectiva bíblica, han visto la libertad como vida bajo la ley de Dios, pero muchos hoy afirman que la libertad es escapar de la ley.
Las alternativas a la libertad bajo Dios, a la libertad bajo la ley, fueron declaradas claramente por Karl Marx. Ellos son dos. Primero, uno puede tener anarquismo, cada hombre una ley en sí mismo, sin ley, y una total "libertad" de cualquier responsabilidad hacia alguien. Segundo, uno puede sustituir ese estado por Dios, y la ley total del estado reemplaza la ley de Dios. La libertad desaparece y el estatismo total o el comunismo por el "bienestar" del hombre toman su lugar. Esta es una negación de la libertad como un ideal "burgués" y una sustitución del bienestar planeado por el estado por la libertad como la felicidad más verdadera del hombre. Por lo tanto, cada intento de eliminar a esta república de "debajo de Dios" significa que el anarquismo o el comunismo seguramente resultará, ya sea planeado o no por aquellos que golpean el lugar de Dios en la vida del individuo. Es una alternativa ineludible. Para restaurar la verdadera libertad, debemos restaurar la ley verdadera (Is. 8:20). La Biblia habla de "la perfecta ley de libertad" (Santiago 1:25, 2:12), porque considera que la ley de Dios es la fuente y el fundamento mismo de la libertad del hombre. Debemos abandonar la peligrosa idea de que la libertad significa un escape de la ley: esto solo puede ser cierto si el escape es del comunismo, que no es la ley verdadera sino la tiranía. La palabra tiranía es una antigua palabra griega con un significado simple: significa dominio secular o humano en lugar de ley, en lugar de verdadera libertad bajo Dios. El sistema Capitalista no es ni anarquía ni tiranía, sino libertad bajo Dios.

Ama a tu prójimo

¿Qué significa? Un versículo de la Biblia familiar es usado a menudo por muchos para justificar el socialismo y atacar la defensa de la propiedad como "egoísta". Pero el mandamiento, "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", pide compartir la riqueza, programas de bienestar y para la unidad de un mundo? Los principales pasajes bíblicos que explican este versículo son Levítico 19: 15-18, 33-37; Mateo 19:18, 19; 22: 34-40; y Romanos 13: 8-10. que nos dicen? Primero, ¿quién es mi prójimo? En Levítico 19: 33-37, Moisés dejó en claro que nuestro prójimo significa cualquiera y todas las personas con las que nos asociamos, incluido nuestro enemigo; y Jesús enfatizó esto en la parábola del buen samaritano (Lucas 10: 29-37), citando la misericordia del samaritano hacia un enemigo, un judío. Segundo, ¿qué quiere decir la Biblia con amor? La palabra amor hoy es un término que se refiere al sentimiento, sentimiento que es más fuerte que los "lazos" de la ley. La palabra bíblica "es el cumplimiento de la ley" (Romanos 13:10). Además, el amor se refiere al cumplimiento principalmente de la ley de Dios; se relaciona con la justicia en la Biblia, y se refiere a la ley de Dios y al tribunal de Dios. El hombre moderno que rompe las leyes sexuales o de propiedad en nombre del amor carece de amor desde la perspectiva bíblica, porque el amor "es el cumplimiento de la ley". Tercero, ¿qué leyes implica amar al prójimo? De acuerdo con Jesús (Mateo 19: 18-19), y nuevamente enfatizado por Pablo (Romanos 13: 8-10), amar a nuestro prójimo significa guardar la segunda tabla de los Diez Mandamientos en relación con él. Esto significa "no matarás", o toma la ley en tus manos, pero debes respetar el derecho a la vida que Dios te ha dado. "No cometerás adulterio", significa que debemos respetar la santidad del hogar y la familia de nuestro prójimo. "No hurtarás" significa que debemos respetar el derecho de propiedad de Dios de nuestro prójimo (o enemigo). "No darás falso testimonio" significa que debemos respetar su reputación. Y "No codiciarás" requiere una obediencia a estas leyes tanto en pensamiento como en palabra y obra. "Amar a tu prójimo como a ti mismo" es, pues, la base de la verdadera libertad civil en el mundo occidental. Requiere que respetemos en todos los hombres y en nosotros mismos los derechos de la vida, el hogar, la propiedad y la reputación, en palabra, pensamiento y acción. La palabra bíblica amor no tiene nada que ver con el amor erótico, que es anti-ley. El amor bíblico "es el cumplimiento de la ley" en relación con todos los hombres. No nos pide que nos agraden todos los hombres, ni los llevemos a nuestras familias o círculos, ni que compartamos nuestra riqueza con ellos. La Biblia simplemente dice: ama al amigo, al enemigo y a sí mismo, respetando y defendiendo estos derechos que Dios le ha otorgado a la vida, el hogar, la propiedad y la reputación para todos. Los "humanitarios" modernos son, con demasiada frecuencia, culpables de violar la ley de Dios en nombre de un amor anarquista. El amor bíblico guarda la ley.

El socialismo de izquierda en contra de la iglesia.

¿Y por qué razón la izquierda busca por blanco estos tres ítems (Iglesia, familia y tradición)? En verdad buscó combatirlos siempre, sólo que ahora encontró nuevos pretextos y un ejército gratuito conformado por almas conflictuadas dispuestas al renovado enfrentamiento abierto.
Contra la Iglesia, la guerra se desata porque más allá de cuestiones de Fe y de toda connotación sobrenatural o teológica, ésta siempre estuvo en favor de las jerarquías, de la existencia de la propiedad privada, de que las clases sociales convivan en armonía y del respeto por el orden natural. O sea que por su propia composición doctrinal e institucional, la Iglesia desde siempre fue un importantísimo freno cultural y espiritual contra el avance de las ideas izquierdistas,
los puntos más básicos y populares del cristianismo se oponen de punta a punta al comunismo en todas sus manifestaciones; nos referimos a los Diez Mandamientos, los cuales son sabidos y aprendidos hasta por cualquier niño. En efecto, el Decálogo nos manda “amar a Dios sobre todas las cosas”, “no tomar su santo nombre en vano” y “guardar los domingos y fiestas de preceptos” (el comunismo por su materialismo dogmático es confesadamente ateo). “Honrar padre y madre” (aquí se resalta no sólo el concepto de jerarquía natural sino el de familia). “No cometer actos impuros” y “no desear la mujer del prójimo” (nuevamente son preceptos que no sólo defienden a la familia tradicional sino que riñen con el pansexualismo). “No robar” y “no codiciar bienes ajenos” (el comunismo niega la existencia de bienes ajenos al no reconocer el derecho de propiedad).
“No matar” (el comunismo superó los cien millones de asesinatos en el Siglo XX y hoy promueve el genocidio infantil a través del aborto). Finalmente, el Decálogo dice “No mentir” (para enumerar las mentiras históricas y presentes del comunismo deberíamos escribir un artículo aparte). Finalmente, más allá de algunos desvíos o actualizaciones sufridas a través del tiempo, es un hecho que el cristianismo en general no tienen punto de contacto alguno con el comunismo y sus derivados.
Rebelarse ideológica y políticamente contra ello es un frente de batalla que la izquierda nunca puede descuidar, y la comunidad homosexual es caldo de cultivo para mandarla al frente a los fines de lidiar acríticamente: habitualmente las violentas marchas tanto feministas como homosexualistas suelen hacerse frente a Iglesias o catedrales en el afán de “escracharlas” o agredirlas en sus bienes físicos y humanos. Respecto del ataque de la izquierda contra la familia, encontramos aquí elementos de orden ideológico pero también de índole práctico. Por empezar, la familia es el núcleo afectivo y de contención por antonomasia. Lo primero que toda persona conoce es su familia, y advierte así la existencia de jerarquías sucesivas y naturales a las cuales amorosamente tiene que obedecer y depender: padre, madre, hermano mayor, etc., y el niño va internalizando ese orden jerárquico, el cual nada tiene que ver con el utopismo igualitario y horizontal que la izquierda pretende promocionar (aunque luego sus regímenes sean crueles autocracias verticalistas).

Por supuesto que en un matrimonio puede ser que sea la madre quien tenga una personalidad más imponente que la del padre o que la opinión de un hermano menor tenga mayor peso en su influencia que la de un hermano mayor con motivo de características de la personalidad. Pero más allá de eventuales intercambios de ciertos roles no esenciales, lo cierto es que la jerarquía como concepto es lo que el niño aprende y absorbe como natural y como modelo desde su primer día de vida. Por ende, a la izquierda le interesa romper con la noción de familia para disolverla y reemplazarla progresivamente por experimentos propensos a un relativismo igualitario y así fomentar en las nuevas generaciones, o bien la desjerarquización, o en su defecto el conflicto familiar para que ésta se vea erosionada. Luego, golpear o envilecer a la familia es además una manera implícita de golpear por añadidura a la religión: no nos olvidemos que el matrimonio fue y es un Sacramento religioso, ante lo cual, diría un viejo refrán, al atacarlo se estarían “matando dos pájaros de un tiro”. ¿Y a todo esto qué tiene que ver la tradición? Si para la izquierda el “Estado burgués” es el órgano arquetípico de la sociedad política a la cual hay que destruir, la familia es el órgano arquetípico de la sociedad civil al que también hay que destruir, porque entre otras cosas, ésta es dadora de valores, usos y costumbres, es decir, es el órgano por excelencia depositario de la tradición o de las tradiciones que se encuentran en las antípodas del sujeto revolucionario. Vale decir, los padres le transmiten a sus hijos muchos de los valores que a su vez ellos recibieron de sus respectivos padres (y así sucesivamente). Luego, la familia es el principal ente emisor de la tradición y no se puede hacer una revolución cultural sin romper con la tradición cultural: esta última constituye el freno de aquella.
Con todo lo expuesto, la izquierda (que desde hace bastante tiempo se ha quedado sin argumentos serios para hacer una revolución), consiguió reinventarse política y discursivamente. Con ello busca reclutar gratuitamente militantes que hoy engrosan alegremente sus filas para pelear en los frentes de batalla que ella siempre consideró indispensables. De esta manera pretende seguir sembrando conflicto social pero además, estos nuevos conceptos homosexualizantes le permiten a la siniestra “redimirse” de sus crueldades y homicidios en masa cometidos durante el Siglo pasado. En efecto, embanderarse con la causa homosexual le es funcional al neocomunismo para ir dejando atrás el estigma del stalinismo y del maoísmo, que como se sabe, fueron los grandes genocidios del Siglo XX (superando por lejos a sus primos hermanos del nacional-socialismo). Ni Lenin, ni Stalin, ni Mao, ni Ho Chi Min, ni Pol Pot, ni ninguno de los antiguos tiranos de la izquierda dura vivieron para advertir el gran cambio de estrategia y paradigma revolucionario; por ende, todos los líderes comunistas o filo-comunistas de generaciones posteriores han terminado siendo, a diferencias de sus viejos ídolos, pro-homosexualistas y así, el trotskista, fundador del Foro de Sao Paulo y ex Presidente Ignacio Lula Da Silva apoyó abiertamente el “matrimonio homosexual” en Brasil; la Presidente socialista de Chile Michelle Bachellet (exiliada en su tiempo en la Alemania comunista) se pronunció abiertamente en favor no sólo del matrimonio homosexual sino también del crimen del aborto; el dictador ecuatoriano Rafael Correa, tras mucho vacilar, acabó imponiendo en su país la unión legal homosexual en 2014; el ex guerrillero tupamaro devenido ex Presidente de Uruguay José Mujica se manifestó a favor del matrimonio homosexual y, por supuesto, la montonera de cartón Cristina Kirchner fue durante su presidencia la madrina y abanderada de cuanta exigencia vociferara la agenda homosexualista en Argentina Claro que entre la izquierda clásica y la nueva hay un personaje excepcionalísimo que participa de ambas al unísono, dado que no sólo vivió todos los procesos sino que para desdicha del sufrido pueblo cubano no se termina de morir nunca. Nos referimos al tirano vitalicio Fidel Castro, quien tras haber masacrado homosexuales a diestra y siniestra en los campos de exterminio de la UMAP (edificados a instancias del Che Guevara), en 2010 “modernizó” su libreto acorde con la nueva estrategia revolucionaria y en ocasión de un reportaje que le fuera efectuado, salió al ruedo pidiendo un tardío “perdón” a la comunidad homosexual: -“Hace cinco décadas, y a causa de la homofobia, se marginó a los homosexuales en Cuba y a muchos se los envió a campos de trabajo militar-agrícola, acusándolos de contrarrevolucionarios”, le recuerda la autora de la entrevista Carmen Lira Saade -F. Castro:
“Fueron momentos de una gran injusticia, ¡una gran injusticia!, la haya hecho quien sea. Si la hicimos nosotros, nosotros... Estoy tratando de delimitar mi responsabilidad en todo eso porque, desde luego, personalmente, yo no tengo ese tipo de prejuicios (…) Teníamos tantos problemas de vida o muerte que no le prestamos atención... Si alguien es responsable, soy yo”.
Tanto ha cambiado el castrismo en torno a este tema, que si bien sigue sin respetar el más mínimo derecho individual en la isla, en este ítem puntual sí se encargó de organizar sucesivamente la “Jornada Cubana por el Día Mundial Contra la Homofobia”. ¿Y quién funge en La Habana de adalid de este flamante banderín por la “diversidad”? Mariela Castro, hija del dictador Raúl Castro y sobrina de Fidel, quien además se da el tolerante gusto de liderar el “Centro Nacional de Educación Sexual”. Indudablemente la revolución tiene mucho de auténtica: no sólo es hereje sino que su necesidad también tiene cara de hereje.

Un cristiano socialista sufre por lo menos una de 3 condiciones:
  1. Ignorancia 
  2. Adoctrinamiento 
  3. Arrogancia
Les seré bien franco: el socialismo y todos sus derivados (marxismo, comunismo, fabianismo, chavismo, castrismo, kirchnerismo, sandinismo, lulismo, leninismo, stalinismo, keynesianismo, socialdemocracia, etc.) no sólo son incompatibles con los principios cristianos, ¡son antagónicos! Donde la fe cristiana cede, el socialismo triunfa, y cuando la fe cristiana avanza, el socialismo mengua.
"Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano." (2 Tesalonicenses 3:10‭-‬15)

Juan A. Herrera C.

Bibliografía


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  • Craig, William Lane. A Reasonable Response: Answers to Tough Questions on God, Christianity, and the Bible (p. 57). Moody Publishers. Kindle Edition.
  • Strobel, Lee. The Case for...Student Collection: A Journalist’s Personal Investigation of the Christian Faith (Kindle Locations 369-373). Blink. Kindle Edition. 
  • Márquez, Nicolás. El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género o subversión cultural (Spanish Edition) (Kindle Locations 5381-5400). Grupo Unión. Kindle Edition.
  • Joshua Einor Jimenez Desde <https://www.facebook.com/profile.php?id=1151307804
  • Schaeffer, Francis A.. How Should We Then Live? (L'Abri 50th Anniversary Edition): The Rise and Decline of Western Thought and Culture (Kindle Locations 1485-1498). Crossway. Kindle Edition.
  • Hirst, Stephen. Explicando el posmodermismo: La crisis del socialismo (Spanish Edition) (Kindle Locations 1808-1818). Grupo Unión. Kindle Edition. 
  • Zanotti, Gabriel J.. Judeocristianismo, Civilización Occidental y Libertad: Ensayo sobre el origen esencialmente judeocristiano de la libertad en Occidente (Biblioteca IA nº 17) (Spanish Edition) (Kindle Locations 711-713). Instituto Acton (Ediciones Cooperativas). Kindle Edition. 
  • Rushdoony, R. J.. Christianity and Capitalism (Kindle Locations 51-68). Chalcedon/Ross House Books. Kindle Edition.
  • Damm Arnal, Arturo. El punto sobre la i (Biblioteca de la Libertad Formato Menor nº 9) (Spanish Edition) (Kindle Locations 202-205). Unión Editorial, S.A.. Kindle Edition.  

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